Los clubes deben replantear su negocio y hacer más igualitario el acceso

Quien haya ido de fiesta a los clubes o bares en cualquier lugar del mundo, en su mayoría se encontrará con hombres (en lo general, en algunas ocasiones mujeres) que deciden si eres apto o no para entrar al lugar. Esta situación me parece de lo peor, SIEMPRE. Y seguro que muchos de ustedes estarán en acuerdo conmigo, pero la razón de que existe todo este filtro siempre ha sido por un tema de pertenencia, que a su vez, se tiene que traducir en el consumo.

Por años lo he visto de todo, por supuesto, al tocar o ir a clubes con amigos. Lo segundo no suelo hacerlo tan a menudo. El control del acceso en aún 2020 me sigue pareciendo uno de los peores rituales previos a lo que supones será tu diversión por la noche. Los centros nocturnos en el mundo funcionan diferente. En muchos lugares basta con comprar una entrada en anticipado para tener acceso al lugar, pero en otros, todo dependerá de cómo te veas, quién eres, si por tu sola apariencia saben que consumirás (mucho poco, el tema es que gastes) y en otros, incluso un racismo muy marcado. El color de piel, el sexo, todo esto para muchos sigue siendo “lo normal”, a la hora de escoger quién tiene acceso. Sin duda, algo que deberá ser muy debatido en esta etapa de revolución humana que estamos viviendo.

Comencé a ver ya por Internet varias fiestas que están comenzando. Muchos lugares se han tratado de adaptar lo más rápido posible a ser una opción sana para la gente que quiere ya salir de fiesta. Para muchos de estos centros de espectáculo, hacer cadena no es opción, porque no puedes tener a la gente aglomerada y mucho menos, darse hoy el lujo de no dejar pasar a alguien que sí está queriendo salir a gastar su dinero en el lugar. Estos espacios han sido los más golpeados a nivel global ante la situación. Miles de clubes y bares han dejado de operar desde marzo y a la fecha, son muy pocos los que han tomado el riesgo de sí abrir. Algunos clubes como en Suiza, ya han permitido que las fiestas ocurran de manera segura para un máximo de 300 personas, mientras en otros lugares como Holanda, la pista de baile se convirtió una especie de salón de clases.

Mientras algunos de los que han empezado a salir de fiesta aprecian que se les tome en cuenta todas las medidas sanitarias, la realidad es que estamos aún lejos de llegar a como era antes de que empezara toda la cuarentena. Desde que la historia nos lo ha mostrado, a los humanos por alguna razón a la hora de la fiesta nos encanta estar rodeados de más gente para sentir la vibra colectiva. Así que si bien puedes disfrutar siempre una reunión entre pocos amigos o un pequeño encuentro como el mostrado arriba, nada de esto sustituye la esencia misma de la pista de baile, un lugar donde te encuentres y re encuentras con conocidos y desconocidos. Vaya, queramos o no, a muchos sí les encanta estar en el contacto masivo, sin preocupaciones.

En muchos países los gobiernos no están haciendo nada por rescatar a los centros nocturnos, dada que la obvia prioridad ha estado en destinar fondos en compra de ventiladores, camas, hospitales que se puedan armar y un sinfín de materiales que son necesarios para atender a la población en la medida de lo posible. Para algunos lo que dirían en inglés, “the show must go on” (el show debe continuar), ha tenido que ocurrir de mil maneras. Por ejemplo, en Cancún, la Ciudad turística por excelencia en México, transformó su famoso Coco Bongo en un espacio al aire libre, algo que como tal antes no existía y que a su vez tuvo que hacerlo de esta manera si no tendrían que seguir esperando.

Muchos lugares han seguido las regulaciones que el gobierno mismo les ha dictado ante la crisis sanitaria por la que atravesamos. Ya sea que abran al 30% de su aforo, con mesas separadas, al aire libre, la realidad es que esto resulta MUY difícil para varios otros espacios. En la Ciudad de México por ejemplo, la mayoría de los clubes de moda resultan ser espacios muy cerrados, con poca ventilación, pocos baños. Están ubicados en zonas donde suelen pagar mucha renta y altos costos por los servicios básicos. En sí la operación de estos lugares muchas veces ya era para unas 350 personas quizá, si el lugar estaba lleno, pero hoy, es totalmente incosteable hacer uan experiencia para 30 personas que tengan que estar distanciadas toda la noche.

¿Será entonces que los dueños de centros nocturnos cedan esta vez a replantear su modelo de negocio y cómo operaban?

Mucha gente ha cambiado ya su vida, mientras algunos antes trabajaban en algo, hoy están en otra cosa. Los padres de muchos jóvenes que estaban acostumbrados a gastar mucho dinero en los clubes serán más conscientes de la situación y no los dejarán ir, primero, por exhibirse, segundo, porque ese nivel de gasto hoy no resulta costeable.

Los centros nocturnos van a necesitar mucho más que antes de casi cualquier persona, mientras intentan que los clientes considerados, “de alto perfil”, continúen yendo a la diversión para consumir botellas que estén etiquetadas con un precio elevado, mientras a su vez, es muy probable que sean más los que cobren el ingreso al mismo. De ser así, muchos lugares que antes no cobraban, tendrán que justificar este costo de alguna manera, y con ello, replantear la experiencia misma del club.

La realidad de hoy está en que la gran mayoría no se puede dar el pésimo lujo de ser altamente discriminatorio en su ingreso. Las filas deberán existir por ahora para la correcta revisión de temperatura, aplicación de gel y demás medidas preventivas que se deban realizar. Por supuesto también para salvaguardar la seguridad de los asistentes a través de escaneos que confirmen que las personas no están ingresando con armas o sustancias ilegales, y con ello, permitir que los asistentes puedan disfrutar de la noche.

Hoy es un buen momento para que se replantee la fiesta, de una manera más inclusiva, limpia, sana y sobre todo, de mejores experiencias que a su vez justifiquen que si uno sale hoy a divertir, sea porque en verdad se tomó a consideración que el usuario hizo el gasto y el riesgo correspondiente.

¿Al fin veremos este cambio en el mundo? Quizá, aunque tomará tiempo quitarle toda esta corrupción mental a muchos de los dueños que sólo han buscado maximizar las ganancias a costa de pésimas experiencias para el cliente.

Trino Treviño – @trinodj

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