Los DJ Sets están en crisis

Hace muchas décadas para atrás, la figura del DJ parecía algo mágico o raro de mencionar. No existía nadie que fuera famoso por ser DJ, ni que pudiera vivir de ello o que como tal, gozara de un respeto entre la industria musical por hacer ese manejo de discos por tocar. Por tantos siglos se ha privilegiado el enorme arte y esfuerzo que requiere convertirse en un músico de academia. Aquellos que han gozado de la enorme oportunidad de entrar a un aula y aprender por años, la correcta ejecución de un instrumento que ha estado en constante evolución.

Al DJ se le empezó a respetar mucho más por allá en la década de 1970, cuando las grandes discotecas veían complicado financiar los contratos con las bandas de éxito del momento, por los elevados costos de tenerlos, pero a su vez, las compañías discográficas, que se llaman así porque fabricaban DISCOS, facilitaban la venta de los temas. Las discográficas han tardado muchas décadas en establecerse como hoy las conocemos, y su éxito siempre ha dependido de qué tan accesible y rápido hacen que la gente consuma sus productos, que por ello, me refiero a las canciones.

Yo estoy ubicado en México, un país que goza de su propia cultura, usos y costumbres. Acá, nos encanta la fiesta. Somos un desmadre. Es uno de nuestros máximos orgullos saber que nuestro ADN está tejido con una infinita cadena de ideas para hacer fiesta donde podamos. A todos nos gusta la fiesta en el mundo, sólo que habemos quienes la hacemos más seguido que en otros lados, y por ello, en el contexto de por acá, también se germinó una enorme pasión por el consumo de discos. Recuerdo bien que un día que planeábamos una exposición de DJ por acá en la Ciudad de México, estaba sentado en una mesa junto a Luis Ortega, uno de los pioneros del mix en discoteca. Él como unos cuantos más por el país, fue de los primeros encargados en como tal, generar atmósferas en la pista de baile a través de mezclar discos, incluso cuando como tal, no existían equipos que facilitaran esta labor. Vaya, estas innumerables ofertas que hoy tenemos de equipo para DJ en físico o en software, son toda una dicha comparado con lo que hace 50 años se tenía a la mano.

Luis me contó que en un club donde estuvo trabajando en Acapulco, en el Estado de Guerrero, los dueños viajaban al extranjero y conseguían discos que acá aún no eran importados. Tener la colección más exclusiva de música en su momento fue algo que distinguió mucho a los clubes, y a su vez, privilegió la figura del DJ, porque te volvías alguien que tenía acceso a estos materiales. Para mucho esto sonará como si habláramos de la pre historia, ¿cómo que tener que viajar para comprar discos que no vendían aquí? Así es, largos viajes se hacían con tal de conseguir material que se editaba (se fabricaba como tal) en otros países y sólo se vendía en los propios, y después, hacerlo llegar a México, por ejemplo. Lo mismo hacia todos los países del mundo, no todos gozaban de tener una buena distribución de música.

Aquí es importante que pongamos sobre la mesa por qué antes la música no viajaba como tal a todas partes. Les pongo el caso de una banda/grupo como ABBA, originarios de Suecia y que tuvieron enormes éxitos musicales. Su éxito no hubiera sido posible si su música se hubiera quedado encerrada dentro de su país, porque ellos mismos como tal, absorbieron mucho de la música disco que estaba de moda en Estados Unidos, y sus productores y compositores, hicieron lo propio en absorber esta onda y después regresarla al mundo en su visión. Estamos hablando que en 1976, cuando fue lanzado el famoso, “Dancing Queen”, la canción tenía que físicamente trasladarse por aviones, barcos, camiones, coches y cuanto medio de transporte más se les ocurriera. No existía ni de broma un Spotify, no existía Internet, nada de esto que hoy me permite incluso escribir esto desde mi estudio, era posible.

Una compañía que se ubicaba en Suecia tenía que hacer las suficientes relaciones laborales para crear una red de contactos que estuvieran interesados en su música, y para que esto pasara, se tenía que invertir mucho dinero. Entonces, si yo saco la, “Dancing Queen”, y quiero que triunfe más allá de mi país, tengo que invertir recursos para que este éxito llegue a otros territorios y a su vez la gente entienda qué es lo que les está sonando en sus radios o en las tiendas de discos. Miles de dólares fueron invertidos para que los materiales se imprimieran, se mandaran a otros países y luego, buscar equipos de trabajo en cada país que ya supieran trabajar en vender la música. Suena muy lioso, pero imagínense, sólo así era posible que una canción hecha en el otro lado del mundo, tuviera impacto en México por ejemplo. Ahora imagínense este mismo esfuerzo para literal llegar hasta Canadá o Chile, y eso sólo por hablar del continente Americano, ni qué decir de cómo entrar a trabajar en Asia donde el idioma cambia por completo en regiones.

Este viaje que parece que les cuento sobre la red de distribución de Amazon, dejó de existir ya hace muchos años desde que gente emprendedora y capaz decidió que era más fácil en un punto digitalizar los discos, o sea como tal, pasar de lo físico a un archivo .mp3 o .wav, las canciones y después subirlas a la computadora, compartir y que otras personas la bajaran. Tal vez ustedes no se acuerdan de Napster o Limewire, pero estas plataformas fueron las primeras en como tal hacer masiva la distribución de música sin tener que estar yendo a la tienda a comprar un disco. Esto se volvió gratis, ilegal a toda costa, pero gratis y rápido de acceder. Si quieren aprender más y de manera divertida de esto, échense un clavado a The Social Network, una película donde Justin Timberlake sale justo como el creador de Napster que era amigo de Mark Zuckerberg, sí, el de Facebook.

¿Por qué fue ilegal hacerlo? Bueno pues verán que cada canción que es creada tiene un autor, un productor, una voz, una interpretación. Desde hace décadas se ha peleado en que cuando un artista crea una nueva canción, la pueda, “patentar”, de cierto modo. Así como a lo que por ejemplo, se les ocurrió crear el formato “.mp3”, y venderlo al mundo para su uso, así también se debe proteger una obra creativa. Pasa que si uno no registra sus obras, llega otra persona y dice que esa canción es suya y luego, comprobar todo esto se vuelve muy cansado. Pelas innecesarias pero necesarias si lo que quieres es siempre estar tranquilo de que tus canciones no serán mal utilizadas. ¿Y todo esto para qué? Pues porque desde también hace décadas, existieron personas muy astutas que supieron ganar mucho dinero de las canciones pero explotar al artista, quedarse con la mayor de las ganancias y darle poco de vuelta a quien la creó. Por eso se volvió tan malévola luego la figura del representante, el manager o las propias disqueras, porque por años abusaron de la ignorancia de los artistas para sacar la mayor ventaja posible. Hoy todo esto ha tenido tantas conversaciones y convenciones, que por suerte, parece que poco a poco vamos a llegar a un punto de equilibrio, pero aún así, nada es miel sobre hojuelas aún, sólo digo que al menos se ha creado mayor consciencia en los creadores y esto ha empezado a comenzar por construir un sistema más justo.

El problema que hoy atravesamos con las redes sociales y su modalidad de streaming, que se han vuelto el nuevo escenario y más en una época de cuarentena en la que aún seguimos, es que hoy todos se enojaron con ellas porque, “no nos permite expresar la música”. Pero a ver, que si llegaron hasta aquí es porque quiero suponer que leyeron todo lo primero que conté porque es super importante entender que hablé de cómo la música se distribuía, se le invertía y se llegaba a cobrar por la misma. Ahora voy a enfatizar una parte CRUCIAL en el mundo de las canciones, y tiene que ver con qué pasa con las canciones cuando se utilizan en público.

Hace poco compartí en mi Facebook la contraportada de un disco donde en la parte inferior viene escrito, “Reproducir este disco, copiarlo o rentarlo queda estrictamente prohibido por las leyes”. ¿O sea cómo que está prohibido tocarlo?

Como los dueños de estas canciones, los artistas, las casas discográficas, siempre han querido maximizar la venta, pues obvio que siempre hubo quienes quisieran tener todo más rápido y sin pagar lo que valiera. Si de pronto no tenías 15 dólares para comprar este álbum, pero un chico astuto lo copiaba y te lo vendía por 2 dólares, siempre te ibas a ir por la fácil, porque al final hay quienes sólo quieren la música, les daba por igual el disco. Pero es que los discos también siempre han sido muy bonitos, y habemos quienes los coleccionamos como piezas que se vuelven una extensión del artista, es como comprar un pedazo de su mundo y queremos pertenecer a él. Además en la mayoría de los casos, estaban fabricados muy bien y los años lo comprueban.

Dices para qué compro un disco si voy a la discoteca donde tocaba Luis y podía escuchar algo a lo que yo no tenía acceso, pero él sí. Entonces, ¿qué pasó? Que la disqueras se dieron cuenta que su música sonaba en muchos lugares públicos donde ya no estaban por decir, contratando a ABBA para venir a tocar sus hits en Acapulco, pero alguien con el dinero consiguió los discos y los podía hacer sonar en un club. Digo, por un lado, se le estaba haciendo mucha fama al grupo, y si un día vinieran, la gente estaría familiarizada con su música, pero por otro, la disquera y por consecuencia, el artista, no estaban ganando más dinero en venta de discos, porque tal vez la copia que se consiguió por 15 dólares, se usaba mil y un veces pero no estaba generando nada de dinero adicional al grupo, como tal.

Aquí lo que empezó a pasar desde hace muchos años, y en todas partes del mundo, es que cada país logró fundar una suerte de instituciones u oficinas que no tenían que ver como tal con las disqueras pero que sí estaban asociadas con ellas. Estos sindicatos o figuras de representación para los artistas lo que consiguieron fue ir a cada club, foro, teatro, cine, hotel, bar, centros comerciales, cualquier lugar donde sonara música en público y cobrarles una mensualidad con la garantía de, “mira, tú pon la música que quieras, pero te vamos a cobrar porque como tú estás usando discos que no tienes permiso y tampoco estás contratando a los grupos, los cantantes, nosotros usaremos este dinero para repartirles a estas personas”. Así nacieron varias oficinas que van a nombre de otros a cobrar en nombre del artista, la disquera, quien sea que goce de los derechos de las canciones.

Así si el artista no estaba siendo contratado, y tampoco estaba vendiendo más disco, pero sí estaba sonando en público, pues al menos se le compensaba de cierta manera. Y esto por ponérselos en sencillo, porque en realidad es aún más complejo de lo que parece, porque imagínense que este problema se tiene que traducir con sus mil y un matices en todas partes del mundo.

En rápido que volvamos aquí a 2020, en cuarentena, donde un DJ lo que quiere es tocar música como lo hiciera en un club o en un festival, de pronto se da de encontronazos con un sistema de detección de canciones que le dice, “tú no tienes derecho a tocar esto, así que bajaremos tu sesión de la Internet”, y adiós. La primera vez te avisan, puede que te dejen algunas veces más, pero si no, incluso bloquearán tu página y tu cuenta para que dejes de estar violando las leyes. Y aquí, el grito de auxilio en general ha sido, “¿pero qué puedo estar violando yo si lo que quiero es dar a conocer la música y mi trabajo es justo mezclar canciones de otras personas?”. Pues bueno, todo lo que les conté de historia musical, es la base de todo lo que hoy pasa.

Si ustedes usan Spotify, pagan una mensualidad, o no la pagan a cambio de escuchar cientos de anuncios, pero con la promesa de tener acceso a miles de canciones. Digamos que pagamos para, “rentar”, estas canciones y escucharlas cuando querramos, más no estamos comprándolas ni somos dueños de ellas. Cuando se compraban discos, nos daba también esta falsa sensación de que éramos dueños de la música, pero lo que comprábamos era una copia de un material original, del que nos daban permiso de consumirla en la privacidad de nuestro hogar o vehículos, más no para lucrar de ella.

Hoy como las plataformas de, “Live”, entiéndase un Facebook Live, un Instagram Live, un TikTok Live, un YouTube en Vivo, se volvieron la única forma en que los artistas pueden seguir, “presentándose”, pues lo que queremos es hacer lo mismo que en otros escenarios, pero oh sorpresa, pues no se puede. Y no se puede porque hoy justo estas representaciones virtuales de los escenarios, son lo mismo que si yo mañana voy y me quiero presentar en el Teatro de la Ciudad, necesito permiso para utilizar canciones de las que yo no soy dueño, y pagar por ellas. Y es que hoy es tan inmediato el acceso a hacer estos en vivo, que las plataformas tuvieron que pagar millones de dólares en desarrollar sistemas de detección automática de la música e implementar cada canción una suerte de, “Shazam”, que le ayudara a las plataformas a decir, “mira pues Trino en México está ahorita haciendo un en vivo y está poniendo música, pero como aquí es un espacio público y la gente incluso le puede aportar dinero por diferentes canales, vamos a tener que suspenderlo”. Yo me enojo, salgo al Twitter o en un post de Facebook y me quejo que qué injusticia. Pero una vez más, jamás revisé mis canciones que quería tocar, contacté a los artistas para pedirles permiso, hice mi submit a Facebook por ejemplo y después las toqué. Queremos que todo sea fácil, rápido y siempre ganar nosotros, y pues no.

¿Qué le queda entonces a un DJ en esta situación por hacer? Tramitar permisos o que su equipo logre tramitar los permisos para tocar la música que quieren en transmisiones en vivo, tal y como por años las televisoras, la radio, los lugares públicos han tenido que tramitar y pagar por ello, o, entrar al mundo de la producción y hacer material propio para tocar.

Esta crisis, como tal, es un gran cambio en los usos y costumbres que en general teníamos los DJ, y era necesario regular, por el bien de la música, por el bien de la creación. Lástima, ahora nos tocará hacer más trámites y procesos, pero si respetamos a quienes hicieron la música de un inicio, sabríamos que sin ella, nosotros tampoco tendríamos qué tocar, y una buena canción en una sesión, siempre hace la diferencia. Así que no seamos egoístas con los que crearon los tracks y seamos parte de la solución.

Trino Treviño – @trinodj

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