Followers en redes sociales no es igual a boletos vendidos para un show

Vivimos en una increíble época para ser artista en el mundo. Cuando era niño, recuerdo que veía en la televisión a cientos de actos en vivo donde la gente se extasiaba ante su presencia. Llegar a ser un artista que se presentara en los programas, que llenara estadios, que tuviera sus canciones en la radio. Me parecía que era algo que muy pocos podían lograr. Esta es una de las verdades que aprendí mucho tiempo después, que en efecto, sí era muy reducida la cantidad de artistas que consiguen una oportunidad dentro de una gran disquera, un programa de televisión, un festival o una presentación.

Si la combinación de términos, “sello discográfico”, se te hace muy ajeno a tu mundo, significa casi literal, un sello que se le pone al disco. ¿Cuál sello? El nombre de una compañía que se dedica a firmar artistas, invertir en ellos y crear a través de esta inversión, un mayor impacto en el gusto de las personas. La forma más sencilla que tengo de explicarles esto es este ejemplo:

Eres un cantante originario de un pueblo alejado a alguna de las capitales de tu país. Un día te presentas en vivo dentro de un espectáculo en tu localidad, puede ser en un bar, un restaurante, un concurso de talento, una feria. La gente se llena de alegría al escucharte y comienza a difundirse de boca en boca, que tu presentación fue magnífica. El gusto que esto genera, eventualmente llega a algún, “caza talentos”, como se les conoce en el mundo del entretenimiento, y esta persona un buen día acude a alguna de tus presentaciones para darse cuenta que en efecto, eres genial sobre el escenario. Se da cuenta por el gusto que tiene la gente al verte en el escenario, al escucharte y estar presentes contigo. Hay varios factores que van desde la cantidad de aplausos que estás recibiendo, la constancia en la euforia de la gente hacia el artista y lo más importante, la cantidad de personas que asisten a tu presentación.

En general, muchos artistas así comenzaron. Un caso muy popular y documentado es el de The Beatles, que pueden bien revisar en distintas fuentes, una de ellas que a mí me gusta mucho por lo audiovisual es el documental, How The Beatles Changed The World. Cuando alguna compañía o equipo te encontraba, se ofrecía un contrato para lucrar con su talento, es decir, dejar que otras personas vendieran tu música, tu imagen, tu nombre y las presentaciones para que tuvieras más oportunidades en el mercado. Este intercambio suele ser prometedor ya que el trabajo que también hacen las disqueras o equipos de management, es exaltar tus cualidades. Suelen ser compañías que por años han investigado los mercados del mundo y conocen muy bien el gusto de las personas a través de casos documentados.

Lograr que un sello discográfico te firmara como artista, solía ser un largo proceso y muchas veces lleno de frustración para el mayor porcentaje de artistas. Se llegaba a invertir mucho dinero y tiempo en los artistas, y conseguir a alguien que pueda ser igual de redituable que otro llegaba a ser tardado, puesto que antes no existían muchas de las herramientas que hoy tenemos para descubrir a nuevos artistas. ¿Cuántos Michael Jackson no habrán existido al mismo tiempo que el ya fallecido Rey del Pop en su momento y de los cuáles nunca nos enteramos? Seguro al menos existían tres o más a su nivel, que jamás escuchamos porque nunca fueron descubiertos como tal.

Desde 2005, una plataforma como YouTube existe con acceso gratuito para cualquier persona que cuente con Internet. Cientos han sido los artistas que han conseguido ascender a la fama desde la comodidad de su hogar al utilizar esta plataforma. Hubiese parecido una enorme broma para los ejecutivos de los sellos discográficos pensar que con un video que fuese grabado en una cámara de mala calidad, una persona iba a brillar ante millones y conseguir más atracción que lo que ellos ya invertían en alguno de sus artistas con estrategias de promoción. Esto en pocas palabras, aceleró la oferta de propuestas al público e hizo que por primera vez en mucho tiempo, no fuese una empresa que se dedica a la música la que dictara muchos de los gustos de la gente, sino la gente misma, en un proceso siempre comprobado, que es el de en boca en boca.

Hoy puedes acceder al mundo del entretenimiento en igualdad de circunstancias. Basta una conexión a Internet, una cámara con la cual registrar tu trabajo, una computadora para hacer tu música, un micrófono, una cuenta en plataformas como YouTube, Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat, y mostrar nuestro trabajo hacia el mundo. La única diferencia entre el éxito y no éxito dentro de estas redes, está la respuesta que el público haga hacia tus publicaciones.

La calidad no siempre está basada en el costo de los equipos, ni los encuadres que haces de tus videos.  La conexión auténtica que tiene el trabajo del artista con la gente se ha vuelto la clave más destacada, y es la que siempre ha importado en el mundo de las artes. Muchas de las grandes canciones que nos gustan en el mundo, nos generan muchas emociones por dentro gracias a que hay algún elemento que nos mueve. Ese elemento puede ser la voz, la melodía, el ritmo, la letra. A cada uno de nosotros nos llenan partes distintas y esa es una de las grandes cualidades que tiene la música, la creación de un lenguaje único para cada individuo en el mundo y que al final, nos conecta.

Esta conexión que existe entre el trabajo de un artista y la gente, ha tenido una intensa necesidad de ser cuantificada de algún modo. Que existan las listas de popularidad en la música no es una espontaneidad, es la mejor manera de tener un termómetro de qué está funcionando y qué no, una forma muy al estilo las Bolsas de Valores. La necesidad de estas métricas para comprobar que el producto está siendo exitoso y no sólo un gusto en la gente va de la mano de intereses financieros. Si como empresa, inviertes una cantidad de dinero en cierto producto, esperarías que te genere más dinero del que has puesto en la mesa, ya que por eso se le llama inversión. Así es como funciona cualquier tipo de empresa, sea que te dediques a vender leche, ropa o quieras lanzar un nuevo invento al mercado. Necesitas algún parámetro que te indique si lo estás haciendo bien o no.

La necesidad de siempre contabilizar y medir las cosas, nos hace creer que el mundo siempre se maneja de esa manera en todas las áreas, y por más que el ser humano ha intentado hacer que todo cuente, hay cosas que llegan a ser más complicadas de tener un valor numérico, aunque lo intentamos. ¿Han tenido esta conversación en pareja de, “yo te amo más”, donde se genera una vuelta infinita de quién ama más que al otro? ¿Cómo lo sabrían? Es complicado, lo sé, lo he vivido. Hay cosas que de verdad nos es muy complicado contabilizar, pero hacemos nuestro mejor esfuerzo en que esto tenga una vía razonable de presentarse a la otra persona.

El gusto que tiene la gente por algo, continúa hasta hoy, en ser uno de los temas más complicados de analizar a nivel mundial. Miles de compañías en el mundo invierten millones de dólares en estudios para saber si su siguiente producto será del agrado de las personas cuando salga a la venta, o hacen profundas investigaciones de mercado para saber si será conveniente o no lanzarlo al mercado. Se toman meses o incluso años de análisis para al menos tener una respuesta lo más cercana posible a que no habrá fracaso en la decisión tomada. Esto es una reducción de riesgos, que de lo invertido, en caso de perderse algo, sea lo menos posible. Por ello es tan importante siempre investigar bien el área que se va a abordar antes de tomar cualquier decisión.

Algo que nos parece muy lógico en un mundo donde tenemos una compañía como Apple, que hace todo el proceso anterior para lanzar un siguiente proceso al mercado, resulta muy alejado de comprender en un mundo como el del espectáculo. La diferencia no es la cantidad de recurso que tiene una compañía que vende computadoras, teléfonos y relojes a la gente versus alguien que quiere hacer un festival de rock, sino la seriedad con la que se toma la inversión ante el mercado. No es una generalidad, ni mucho menos un caso que gobierne a todos, pero sí es muy elevado el porcentaje de gente que no realiza análisis e investigación necesaria al crear un espectáculo versus los que sí hacen arduos este proceso para tomar el menor riesgo posible.

La música al ser algo intangible, pareciese que no hay manera de medir, y por ende, cualquiera podría suponer lo que que quisiese interpretar al respecto. Si no me creen, invoquen este experimento que todos hemos vivido, ¿cuánta gente no es experta en música en una reunión de viernes por la noche? La mayoría. A nuestra manera, todos sabemos mucho y poco de lo que más nos gusta escuchar, porque al final, por eso lo escuchamos, porque nos gusta. Somos seres que defendemos con gusto lo que más nos genera placer, y cuando eso se refiera a nuestra música preferida, somos los más fieles.

Cuando plataformas como Facebook, Twitter, YouTube, Spotify, Apple Music y cualquier otra que nazca e incluya la métrica, “seguidores”, hacen énfasis en ello, surgió todo un mundo de mediciones otra vez. Parece ser que AHORA SÍ, vamos a poder medir el impacto que tiene el gusto de la gente en las cosas que más nos gustan. Así fue como muchas marcas empezaron a patrocinar a gente que resultaba que era exitosa por hacer unboxing de productos nuevos en YouTube, o que suben fotos de comida en su ciudad a Instagram, o que resultaban ser increíbles bellezas para el mundo y amasaron millones de seguidores. Recuerden que por décadas, las marcas siempre han necesitado la menor cantidad de riesgo posible en sus inversiones para maximizar las ganancias. Esto al traducirlo en la música resulta que hoy podemos ver cuántas reproducciones tiene una canción en las plataformas. Se genera una rápida aceptación del valor numérico que tiene la reproducción y se entiende que entonces el tema es exitoso, porque ya fue escuchado por millones. Aunque millones hemos escuchado algo, no significa que nos haya gustado.

Las canciones virales muchas veces ocurren no por la música como tal, sino por el contexto en el que fueron utilizadas. A mí por ejemplo me encanta, “Baby Shark”, por lo pegajosa e ingeniosa que es, más no significa que pagaría miles de pesos por verlos en una presentación o iría a las tiendas de esta compañía a hacerme de todos los juguetes que venden.

Seguro recuerdan a mi buen amigo, PSY, quien también se volvió una celebridad internacional gracias al famosísimo, “Gangam Style”, una canción con un beat muy pegajoso y una letra que aunque no sepamos su idioma, según nosotros, nos la sabíamos a la perfección, igual que su paso de baile.

El caso de PSY es una de las grandes coronas del Manager de Justin Bieber y Ariana Grande, Scooter Braun, quien apostó por integrar un producto poco común para el mercado occidental y arriesgarse en el intento. Resultó tener una aceptación muy grande que pocos esperaban. ¿Quién pensaría que un señor de cuarenta y tantos años de edad que no hablaba inglés y bailaba en sus videos sería uno de los videos más virales en la historia de YouTube? Esta conversación con Scooter indaga más a profundidad el caso para que lo conozcan a fondo.

PSY resulta ser un artista que sí completa muchos de los requisitos donde la gente confirmó su curiosidad de verlo en vivo. Muy diferente al éxito de, “Baby Shark”, que aunque estuvo en todas las listas de popularidad en el mundo, no significaba que la gente quisiera ver su show, seguro que muchos niños, pero es una medición muy distinta a la que estamos pensando por ahora.

Cuando las miles o millones de reproducciones existen y los miles de seguidores en redes sociales existen, ¿qué no esto debería ser sinónimo de un éxito avasallador? La historia misma nos ha enseñado que es no una fórmula que aplique en todos los casos.

En proporción, a más seguidores más oportunidad hay de llevar un mensaje a la gente. Para cualquier persona que se quiera promocionar, esto es importante, porque si quieres difundir algún producto, es importante conocer los canales de mayor difusión para hacerlo y  que esto se pueda traducir en una venta. De un tiempo acá, la gran mayoría de las marcas comenzaron a trabajar con los tan conocidos, “influencers”, porque veían la gran cantidad de seguidores que tienen en sus redes sociales y daba a entender que eso era sinónimo de público cautivo. En varios casos de patrocinio, funcionaba, y algunas marcas veían que la gente sí iba a sus tiendas a comprar, pero en otros, nadie iba. Los únicos beneficiados serían los influencers y sus representantes, que al ya haber concluido la campaña, recibieron un beneficio, pero la marca arriesgó mas no ganó. Hoy las compañías, fieles a su prevención de riesgos, han decidido invertir ahora mucho dinero en conocer las mejores formas de hacerlo más redituable y que sea menos una acción que se vaya a la basura dentro de la Internet.

Los espectáculos a su vez, viven en el mismo problema global. ¿Cómo voy a saber que cierto artista me puede llenar un recinto? Si antes era complicado conocer su éxito, y nos basábamos en su popularidad en las listas de las estaciones de radio, tiendas de discos, ¿hoy qué tendríamos que hacer para medir su convocatoria? Entramos al mismo proceso: seguro las redes sociales y su cantidad de seguidores equivalen a cantidad de gente que va a venir a verlo a su concierto.

Muchas de las cuentas que sigo ya sea en Instagram, Facebook o Twitter, las veo porque me interesa conocer de ciertos temas donde están, pero eso no significa que voy a ir a todos los conciertos. No estoy un fin de semana en el show de Maluma, otro en el de Thalía, después en el de Billie Eilish, para luego terminar en el de Hans Zimmer. Me encantaría estar en la eterna fiesta, pero la realidad es que me gusta conocer de sus mundos, por curioso, no por fan empedernido. Lo mismo con cuentas de marcas o de creadores de contenido. No voy a todas las exposiciones, no voy a todas las tiendas ni mucho menos compro todo lo que me indican que haga. Podrá alguno de los mensajes subliminales de venta entrar a mi sistema y llevarme a comprar algo que vi con alguno de los artistas, pero hoy consumo más el entretenimiento en las redes, que la venta directa.

Esto nos lleva a pensar, ¿qué le queda a los promotores que buscan prevención de riesgo en sus inversiones? ¿Cómo podría ser más eficiente el proceso? Una de las soluciones más acertadas que se han hecho desde hace ya muchos años y que se ha visto prosperar en varios países, es la creación de nichos especializados. Cuántos promotores no conocen que sólo se dedican a crear eventos de rock, o que sólo se dedican a música electrónica, o sólo a reggaeton. La gente comienza a identificar la marca del espectáculo con la lealtad a los géneros y eso mismo genera confianza entre la comunidad de fanáticos. Hay compañías que resultan ser muy buenas en crear eventos de diferentes géneros musicales, y el secreto también está en la contratación de personas que entienden muy bien los mercados.

El estudio de las culturas y nichos es algo muy importante de ejecutar. Cuando tienes una dolencia en los dientes, no acudes al dermatólogo para revisarte. Buscas a quien esté especializado en el área, en este caso al Dentista, y pides que revise tu dolencia. La especialidad es muy importante en el mundo del entretenimiento porque podremos saber mucho de lo que nos gusta, dado el impacto emocional que generan los espectáculos en nosotros, pero entender de fondo el nicho al que queremos convocar, necesita de mucho estudio de fondo.

Los casos de éxito en festivales como Glastonbury o el Tomorrowland, por poner dos mundos diferentes, pareciesen hoy una obviedad, pero de fondo traen la historia de personas que aman en demasía al rock y la electrónica, una gasolina que potenció las ganas de superarse como evento y tener mayor convocatoria. Por ello trascienden estos grandes promotores de festivales o shows en el mundo, que son entrevistados una y otra vez sobre cuál es su fórmula del éxito para el festival, donde todos coinciden que es el amor por el nicho. El puro amor no produce éxito en la logística, la producción y una buena operación del evento. Hay que primero entender que la esencia de los espectáculos es el impacto que se va a tener en la gente con lo que se presenta, y después crear la enorme infraestructura de trabajo que conlleva desde hace una show pequeño o un festival.

La gran frustración por la que han atravesado muchos promotores en estas décadas de emprender, ha sido que quienes tienen el dinero, quieren hacer todo por ellos mismos y valerse de los datos que están disponibles. Como si se tratase de una apuesta sencilla, sin mucho rollo, dinero fácil. El entretenimiento requiere de un gran equipo y mucha investigación, justo por los pocos datos duros que se pueden conseguir en el mercado de manera gratuita. Lo más importante es que reconocer la posición de quienes integren la realización. Pocos son los promotores con el recurso y la visión de lograr un buen espectáculo, la mayoría sólo cuentan con uno o el otro. Se requiere de un gran trabajo de introspección y aceptación para encontrar una buena línea de trabajo que pueda prosperar en un buen negocio para el entrenimiento.

Los artistas tienen una gran capacidad de conexión con el público por la dedicación al mover emociones a través de la música. Amasan hasta millones de seguidores en sus redes sociales y cada publicación pareciese ser otro gran éxito a la luz de quienes dedican su vida a los números. Esto aunque es cierto para medir impactos de alcance, dista de tener una conexión real con su poder de influencia hacia la gente. De pronto nos encontramos ante publicaciones que nos encanta por el contexto en el que está el artista o el tipo de ropa que utilizó, el mensaje que escribió en la foto, pero no va de la mano con estar siempre al pendiente en ver qué lanza para comprar todo. Caso perfecto para esto podrían pensarlo con la familia Kardashan, quienes sí intentan a su vez, irse más allá de la aspiración para conseguir clientes en sus productos de belleza, mas no iniciaron como pioneras en la industria de la belleza, sino como grandes entretenedoras.

Vivimos una época muy interesante en el mundo del entretenimiento y la realización de negocios en el mismo. No hay atajos, fórmulas mágicas ni rituales especiales para conseguir el mejor beneficio de la industria. El único secreto está en entender a fondo a los artistas, al público, al lugar donde se quiere realizar un espectáculo y el contexto en el que se genera dicho evento. Posar todas las expectativas en su cantidad de seguidores sólo garantiza una enorme decepción para quienes buscan lucrar.

Si has de considerarte promotor,

promotor, ra

Del lat. promōtor, -ōris.

1. adj. Que promueve algohaciendo las diligencias conducentes para su logroU. t. c. s.

Si has de promocionar algo, que sea algo en lo que más crees y te gusta.

Trino Treviño- @trinodj

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